miércoles, 17 de diciembre de 2014

Recovecos


SALIO el libro RECOVECOS
de Juan Botana

¡Conseguilo por Mercado libre!

RECOVECOS es un recorrido íntimo, que husmeando en recuerdos, nos muestra como la desolación, la muerte de los seres queridos, la infancia, la locura, el amor, el deseo, los amigos, el desamparo; la soledad; la relación con los otros, los miedos y la vida, nos van moldeando. Donde los cuentos / crónicas pasan por los textos por lo general en primera persona casi a modo confesional. Se pierden, se entreveran, se retoman. Los personajes cambian su nombre, las historias también cambian, crecen. Se cuentan, con la mano tapándose la boca. Donde se dice con temor a no ser oído, lo que callamos alguna vez, las sensaciones que se tuvieron, los tonos. Donde las cosas que sucedieron no pasaron de ese modo, pero sin embargo, por algún recoveco, se inmiscuyeron así.

sábado, 29 de noviembre de 2014

El amor no es de nadie


EL AMOR
no se hace
en minutos.
Lleva tiempo.
El amor
es
un suspiro cada tanto,
no siempre.
El amor
es
paciencia,
tolerancia
y escuchar.

El amor
es
perder.

El amor
a menudo
se queja,
reclama,
patalea,
grita,
calla,
llora,
cede.
Al amor
no se lo enamora.
Es el amor
el que te enamora
a vos.

El amor
no se busca,
ni se encuentra,
ni se merece.
El amor
se va.

El amor
nos cree al principio
o eso pareciera.
Lo difícil es
que te crea
más tarde,
el resto de los días,
después…

Cuidarlo.

Como pasto
que le cuesta crecer
cuando no llueve,
como jazmín de cielo
en noviembre
al que no siempre
las flores
le brotan
de una vez.

El amor
es que te esperen
y esperar,
sin flores en la mano,
sin llanto que te ampare,
sin sueños que se cumplan.

Los plazos del otro,
los momentos del otro.
El deseo del otro.

Aunque a veces
concuerde con el tuyo
y otras no.

Hay personas
que aman con locura
y sin embargo
nadie las quiere.
Y otras que hacemos
las cosas mal
y las repetimos
hasta el cansancio.
Y somos amadas
y mucho.

¡Por suerte!

El amor
es
tener un proyecto
común
por pequeño que sea.
El amor
no es
saber lo que hace el otro,
ni imaginarlo,
ni siquiera intentarlo,
ni suponerlo,
ni saber.

El amor
no es
control.

Ni parecerse,
ni coincidir,
ni conocerse,
ni ser el uno para el otro,
ni tu media naranja,
ni tu parte de qué.

El amor
no es tuyo,
ni mío,
ni de aquel,
ni del anterior,
ni de nadie.

El amor
no es
de nadie.

Si quisiéramos conocer
todas las acciones
de la persona amada
todo el tiempo,
la vida sería
un suplicio.

El amor
no es posible
y olvidé las comillas
deliberadamente
si no existe
un secreto,
decía Kundera.
Y tantos otros
lo repetimos
sin entender.

El amor
no es posible
si no vislumbra
una hazaña,
más no sea
a lo lejos.

El amor
es
una mentira.

A la que nos aferramos,
le creemos.
Simplemente
Porque queremos
creer.

El amor
te confunde.

Te ciega.
Te abraza.
Te gusta.
Te disfraza.
Te ensordece.
Te deja,
con las ganas
y te suelta.

Como pájaro sin pan
en el deseo.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Estaba


ESTABA
por eso miraba
pero no la encontraba
y entonces soñaba
soñaba que estaba
estaba y no estaba
por eso dudaba
y entonces miraba
soñaba que estaba
en un blanco profundo
de verde hoja seca
de naranja escarcha
de azul a tu lado
de verde manzana
de gris con escamas
golpeando a la puerta
jugando en la plaza
la plaza sin lengua
sin lengua que me habla
me dice al oído
no fueron robadas
las muñecas rusas
que entonces guardaba

Pero entonces estaba
por eso miraba
pero no la encontraba
y entonces soñaba
soñaba que estaba
estaba y no estaba
por eso dudaba
si no fuera por la pieza
apenas pintada
si no fuera por la ropa
tendida en la cama
soñaba que estaba
colgando en la soga
subiendo a la hamaca
la soga que ahoga
que tensa, que rota
que rota el silencio
el silencio que llama
el miedo que estaba
que no terminaba
de soñar un sueño
que no despertaba
ni con agua en la frente
ni con bofetadas
pedir que termine
por eso miraba
las muñecas rusas
que entonces guardaba

Pero entonces estaba
pero no la encontraba
y entonces soñaba
soñaba que estaba
estaba y no estaba
por eso dudaba
y entonces soñaba:
soñaba
soñaba
soñaba
soñaba
soñaba
soñaba
soñaba
soñaba
soñaba
…. soñaba que estaba
subiendo a la hamaca
tendida en la cama
golpeando a la puerta
un verde manzana
jugando en la plaza
sonriendo a mi ojos
que entonces miraban:
miraban
miraban
miraban
miraban
miraban
miraban
miraban
…. la pared de la pieza
la ropa colgada
las muñecas rusas

que entonces guardaba

Quería


NO QUERIA que me busquen
ni que me feliciten
ni ser abanderado
ni dejar de jugar a los rastis
ni a los soldaditos
ni a la pelota
ni a las damas
ni al ludo
ni jugar bien al ajedrez.

Ni que me reconozcan
ni correr rápido
ni dibujar hasta el último detalle
y dejar de hacerlo
y hacerme el distraído cuando me preguntan
ni dejar de ser visco
ni usar más el parche
ni los aparatos
ni tener pie plano
y usar plantillas en los pies.

Ni que me pidan explicaciones
ni darlas
ni pedirlas
ni prestar atención
ni robar
ni tener que decir sin decir
ni poner la otra mejilla
para que no me dieran un beso
ni limpiarme la cara
ni que me perdonen
ni perdonar
ni pedir perdón
ni creerme más vivo que los otros
ni sentarme a la derecha de ningún padre
ni estudiar
ni recibirme
ni jugar al elástico
ni a la rayuela
ni a la canasta
ni al roba cajón
y escuchar la radio
y ser de River
y en cambio colarme
para ver a Ferro.

No quería que me leyeran
ni estafar a nadie
ni tener tantos amigos
y perderlos todos
ni mentir
ni llamarme Juan Carlos
ni que me digan Juanca
ni Juanqui
ni Juanquito
ni Juan Carlitos
ni Juancho
ni Juanchi
ni Juancete
ni Juancito
ni llamarme
ni que me llamen.
Ni Juan Botana.
Ni.

Ni haberme enamorado
ni pedir disculpas todo el tiempo
ni ayudar a nadie
para que me dejen tranquilo
ni ayudar a todos
por la misma razón
ni aguantar a la gente
ni sufrir
ni hacerme caca encima
ni tomar porquerías
ni ser un roñoso
ni lavarme mal los dientes
ni tener cera en las orejas
ni costras en los brazos
ni hongos en los pies
ni bañarme con agua fría
ni sentir vergüenza
y que nunca me echen
ni me rechacen por eso
ni mirar de costado
y bajar la cabeza
para que no se den cuenta
y mirar quien sabe qué
ni ponerme la mano en la boca
para callar lo incontable
¿quien sabe que cosa?
Siempre otra cosa
ni dejar a nadie y dejar a todos
ni olvidarlos
ni extrañarlos
ni estar solo
ni quererlos mucho
siempre y cuando
no me rompan mucho las pelotas
ni llorar porque no lo hice
ni llamarlos
ni hacer favores
ni que me los pidan
ni necesitarlos
porque no los necesito
ni que me necesiten
ni que me entiendan
ni que me quieran
ni que me juzguen
ni que me crean
ni que no me crean
ni que recen por mí.

Ni que me deseen
aunque a veces me confunda
ni parecer bueno
ni ser bueno
ni usarlos a todos y dejarme usar
ni seguir encorvado
ni jugar a las chapitas
agachado en el piso
o en la mesa del comedor
ni a los daditos en la escuela
ni enrular el pelo
ni estirarlo
ni tener caspa
ni atar nudos y pedir deseos
ni hacer arreglos en la casa
ni oír canciones
ni oír
ni pedir
ni hacer que escucho a todos
y no escuchar a ninguno
y pensar en otra cosa
como si me importara.
Siempre en otra cosa:
¿Pero en qué?
¿En qué?

Ni tener miedo
ni lastimarme
ni lastimar a nadie
ni abandonarme
ni pelearme
ni juzgar
ni criar peces
ni perros
ni pájaros
En un cuarto.
Ni haberlos abandonado
ni vender revistas
ni cds
ni publicidad
ni nada.
Ni ir a La Salada
ni a la feria de Flores
ni a la de Pompeya
y cruzarme a buscar agua bendita
a ninguna iglesia.
¿Para quién?
¿Para qué?

No tener un tren
ni una bicicleta
esperar una hija
un dodge que vendí
algunos cuadernos
una lapicera
deudas pasadas
que no me dejan dormir
un par de autitos
remeras que no uso
cantar más o menos
algo de paciencia
unas estampillas
haber encontrado
al amor de mi vida
ni escribir.
Tener más libros
de los que podría haber leído
y que a esta altura
ya no voy a leer
como si me gustara
como cuadros colgados
en una pared
como bolsas de plástico
arrojadas al mar.

Quería.

Quería que no me abrazaran
por las noches de chico
tirarle a las ventanas
piedras de alquitrán
temblarles al oído
no dormir tranquilo
-no me hicieron nada-
y mirarlos mal.

viernes, 19 de septiembre de 2014

También


NO TENEMOS nada en común
sino el camino
un tronco de árbol
el suicidio de las flores en invierno
el mar azulverde
las nubes.
Mirarnos a los ojos
también.

No tenemos nada en común
sino el camino
pinotea
el run run de los sueños por las noches
las azaleas que entran por las ventanas con el sol
y un amor.
Y un dolor cenizo
también.

No tenemos nada en común
sino el camino
papeles insumisos
un beso guardado en las escaleras de madera de San Telmo
bajando al mismo tiempo
y un farol abril que titila.
Diciembre en los finales
también.


miércoles, 27 de agosto de 2014

Bolivia


YO PONGO EL CORAZÓN
donde me duele
y donde me duele estás vos.
¡Bolivia!
Me pareció escuchar tu nombre.
¡Bolivia!, repitió.
Hasta que te nombraran siete veces.
Una tras otra después:
Alina
Catalina
Victoria
Malena
Sofía
Lucila y Paula.
Y otra vez Paula tal vez.
Pero antes, sin saber, sin pensar
fuiste Bolivia.
Allí,
donde hasta el miedo llega
                                                                      y te detiene
                                                   -donde mataron al Ché-
Mitad mujer, mitad linterna.
Sueño que flota una luz tenue en la que ve.
Que no entra en una panza,
en la que sobra,
en la que queda,
en la que flota.
En ninguna panza,
una caverna.
y en mi sed.

Se mueve.

Una luz interior rodeada por un halo de sombra
la acompaña.
Cuando no hay luz, ella ve.
Con los ojos cubiertos de lágrimas,
entre Góngora y Lezama Lima,
entre limón y mandarina.
¡Ella ve!

No es carnaval, no es feriado.
No es comparsa, ni murga,
ni polacos,
ni mamparas que se rompen al caer.
Ni máscaras.
Ni ventanas que se abren con el sol.
Ni cenizas.

No es, pero ella ve.

Por suerte nadie muere,
ni se excita de más en el apuro.
¿Por qué deberían hacerlo?
Acaso no aprendieron.
En el ayuno.
Nadie ve, pero ella ve.

No hay puna humahuaqueña
ni apuno ni mareo
No hay quebrada que la nuble con el sol
Ni canto boliviano, ni ch’allá.
Ni estrellas en la noche de navidad.
Ni navidad ni fin de año,
ni cumpleaños.

Hay espera.

Es chicha. Es Checha.
Es comarca.
Es Ekeko que no fuma.
¿Para qué?
Si no es mentira.
Es un baile que se baila con los tres.
Donde ella ve.

Con máscaras que aún están colgadas
en la casa
que se mueven en disfraz
en diagonal.
Hacia ambos lados.
En la pared
donde ella mira.
Como las muñequitas chinas que juntaba
(o eran rusas)
en lanas tejidas al crochet.
Entre limón y mandarina
las separo,
o los dibujos que calcaba
                                          de una nena
                                              que no es
                                              que no es.

Lo que no es decir que ya no fuera,
o que haya sido,
por más que esté siendo
en este instante,
en que Bolivia se duerma
                                          en la que es.

Sordo
era el silencio cuando me lo contaste
Mudo
su nombre cuando la nombraron
por séptima vez.
Que hasta creí no haber respirado esos segundos.
Las últimas luces
que apagaron aquel capítulo triste de su corazón
                                                               Butulcof.
Pero no te diste por vencido ni vencida
ni árabe
ni turca
ni judía
y caminaste por sierras interminables
sin aire ni esperanza
desde ese día,
transpirando
mascando coca,
ardiendo como arena en el desierto
seco de adjetivos
que ni Perlongher pudo,
que ni Perlongher pudo,
que hasta Pedro murió.

Ni Austria-Hungría con sus orientales
ni el lugar aquel donde ella estuvo.
Ni éste
(ni esta copia)
arrastrando un mal recuerdo pero vivo
a la huída de un recuerdo malherido
de una pérdida
que cada tanto te muerde en la garganta
y te lastima.
Te ahoga en el flujo del reflujo.

Pero no hay piel naranja
que pareciera
cubrir su rostro
todavía.
Donde las mariposas revolotean
                                                             su sonrisa
en un país
donde solo los que soportan el dolor
                                          pueden vivir o se van
quebrados como flores
                                      por el peso de sus hojas
las exhaustas madres
pasean a sus guaguas, a salvo ella,
con el rencor que deja el abandono,
“ese vil resplandor que esparcen las estrellas
cuando se caen del cielo y se deshacen”.
La pared de los jardines salpicada
por las gotas de paraíso tras la lluvia,
por los haces de una luz
enceguecida a deshora.
Porque ya estamos grandes
                                                                pero ves
su sombra entre los párpados de dicha.
En esas noches cansadas de fiestas
                                                             carnavales
donde ya nadie pasa
perfume de un amante sin sol
jadeos
drapeos aromatizantes
                                                                   kayak
el desvío de una nube en primavera
vista desde la ventana de una flor.
Y ella escucha la llovizna entre las chapas
y ya no confunde sueño con deseo
y se hace traer su propia voz,
su caricia,
su anhelo,
su cara,
su hija,
mi deseo,
y se acuestan
suavemente en la cuna
las lágrimas de virgen
que dejará libres, a la intemperie
por si acaso.

De vacaciones
esperando.

Diciendo que está ahí, que está al caer,
que está por venir,
que llegó tarde,
que la perdonen,
que repartan los regalos,
(que esta vez hay para todos)
que trajo un mar
                               en un frasquito de vidrio
                                                       que desborda mares.
Un mar
para una niña boliviana.
No para que sus ojos se conviertan
                                                                        en azules
                                                    -que quizás los tenga-
sino para que le devuelvan
sus ganas de mirar.



sábado, 2 de agosto de 2014

Parece


PARECE que nos saluda con la mano.
Parece fuerte.
Parece mujer.

Cruza las piernas y después las estira.
No tiene miedo.
Parece mujer.

Que el fémur.
Que el ángulo agudo o el obtuso indican.
Que abre un ojo.
Que sonríe una sonrisa eterna.

Parece mujer.

Parece que su corazón late muy fuerte.
Parece.
Porque no tienen idea como está latiendo el mío.