lunes, 3 de marzo de 2014

Cadáveres


Bajo las matas
En los pajonales
Sobre los puentes
En los canales
Hay cadáveres

En la trilla de un tren que nunca se detiene
En la estela de un barco que naufraga
En una olilla, que se desvanece
En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones
Hay cadáveres

En las redes de los pescadores
En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma
Con un prendedorcito descolgado
Hay cadáveres

En lo preciso de esta ausencia
En lo que raya esa palabra
En su divina presencia
Comandante, en su raya
Hay cadáveres

Era: “No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan cuenta”
O: “No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a pecho”
Acaso: “No te conviene que lo sepa porque te amputan un teta”
Aún: “Hoy asaltaron a una vaca”
“Cuando lo veas hace de cuenta que no te diste cuenta de nada…
y listo”
Hay cadáveres

en “Cadáveres” de Néstor Perlongher
(Cadáveres: ¿Por qué? Porque en realidad todo poeta es un autor de cadáveres, el poema es letra muerta, cadáveres, hasta que el lector los revive –para que su lectura, cerrado el libro, el poema vuelva a ser cadáver, a la espera de otro lector que emprenda la resucitación-)

No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay
Respuesta: No hay cadáveres

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