jueves, 8 de octubre de 2015

Vuelve al tapiz, la puerta


VUELVE AL TAPIZ,
y vuelve a llamarse amor,
hacerlo adormecida.
Vuelve a su sueño,
ya que nadie vino.
Si se cierra en la noche,
enardecida,
vuelve a soñar
temor de sol
en el sonar del corazón
flotando al río.

De sobresalto al Paraguay,
reconocido
un sueño repetido
sin nombrar
que la atormenta.

Suelta,
que debió caer al ras de lluvia
y que fue hoy.

Perdida, entrecortada, cuenta,
queriendo que alguien crea lo que dice,
aunque pase por alto los detalles,
de limpiar una vez más la misma puerta,
de olvidar hacer la cama,
de lustrar los picaportes ya sin ganas
y ya no barra como dicen que lo hacía.

Los colores con la lluvia son distintos
y ya Dios no es lo mismo que la Virgen.
Con más hielo en la mano la buscaba,
algo falta en la lista que anotaba:
la persiana, los picaportes, la ventana,
los vidrios, el baño,
entrar la ropa, hacer la cama,
la mesada.

Todo,
se anotaba en la mañana
para que no descubran
sus olvidos
las patronas.

Sola,

de una casa a la otra suena el río
con un golpe que se fue
con los recuerdos.

Los colores con la lluvia son distintos,
pero llover y llorar no son lo mismo.
Con los truenos no se entiende lo que dice:
“Que la vendieron de chica”. ¿Qué?
Que su boca calle lo que habla.
Si el regreso está ahí, al ras del suelo
y atormenta.

Pasó la otra puerta
de la casa sin decirlo
y su cabeza fue a parar al fin del río.
Una piel de soledad que fue naranja.
Un sueño sin apoyo repetido
hasta la orilla que es la puerta.

Pasó otra puerta y otras más,
vuelve a la orilla,
donde la mamá que no la quiso
cayó muerta.

Al fin el pez soltó al anzuelo y a su río.
Lo restante es Dios,
tal vez,
tal vez la Virgen.
Vuelve al tapiz, la puerta
en el mareo
cayó muerta.


Agosto y 2015


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